La solidaridad de los pueblos

Una pequeña historia para conocer Gualjaina – Chubut.

Hay lugares donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Gualjaina es uno de ellos. Es un pequeño pueblo de poco más de mil habitantes, ubicada en el norte de la provincia del Chubut, en plena meseta central patagónica. Mientras en las grandes ciudades la información circula instantáneamente, allí todavía existen flashes del estilo de: “mensajes al poblador rural”, pequeños momentos de media horas de algunos programas de radio que comunican noticias familiares, avisos o simples saludos destinados a quienes viven dispersos en los campos y no cuentan con teléfono celular ni conexión a Internet.

Paradójicamente, ese aparente aislamiento convive con un patrimonio arqueológico y paleontológico que despierta el interés de visitantes de todo el mundo, especialmente europeos, que llegan atraídos por el silencio, la inmensidad del paisaje y la posibilidad de desconectarse de una vida cada vez más acelerada. En ese rincón de la patagonia confluyen los protagonistas de esta historia: Huenú, Lucas, Martín y la familia González García.

Huenú tiene treinta y cuatro años y es maestra de escuela primaria. Trabaja en una de esas instituciones que solo existen en los lugares donde las distancias obligan a reinventar la educación: una escuela-internado que, desde hace décadas, recibe a los hijos de los peones rurales que trabajan en las grandes estancias de la región. Muchos de esos niños permanecen allí durante semanas o incluso meses para que sus padres puedan continuar con sus tareas sin interrumpir la educación de sus hijos.

Por esa razón, el calendario escolar también es diferente. En la meseta chubutense se trabaja bajo el denominado “período especial”: las clases comienzan en enero y el largo receso invernal permite atravesar las épocas más duras del año, cuando la nieve, el hielo y el viento convierten los caminos en trayectos casi imposibles.

Huenú vive cerca de Piedra Parada, a unos cuarenta kilómetros de Gualjaina. Cada mañana recorre ese camino en una vieja moto que todavía resiste el rigor de la estepa. Enseña únicamente durante un turno porque por las tardes desarrolla otro oficio que también la apasiona: la artesanía. Trabaja con piedras de origen volcánico que talla cuidadosamente para transformarlas en aros, colgantes y piezas ornamentales. Muchas personas las adquieren por su belleza; otras buscan en ellas la energía protectora que, según explica Huenú, cada piedra puede transmitir cuando ha sido preparada correctamente.

Con el tiempo, varios guías turísticos comenzaron a recomendar una visita a su casa. Los viajeros que recorren Piedra Parada suelen detenerse para escucharla hablar sobre las bondades de las piedras, su origen y el vínculo espiritual que ella encuentra en cada una de ellas. Ese pequeño emprendimiento complementa su salario docente y le permite sostener una vida sencilla, profundamente ligada al paisaje en el que nació.

Entre sus alumnos está Martín, un niño de ocho años. Desde que su madre falleció, vive solo con su padre, Lucas, un peón rural que trabaja desde hace cinco años en la estancia La Posta de Los Toldos. La familia González García, descendiente de inmigrantes españoles establecidos en Esquel desde hace varias generaciones, transformó aquella antigua estancia ganadera en un establecimiento donde conviven la producción ovina y caprina con el turismo rural, las cabalgatas, el senderismo y la gastronomía patagónica. Los guanacos, que recorren libremente los campos, forman parte natural del paisaje y nunca fueron incorporados a la actividad gastronómica de la estancia, aun cuando recientemente se autorizó su consumo en la provincia.

Lucas dedica la semana al mantenimiento del establecimiento. Sin embargo, durante los fines de semana, reemplaza las herramientas por la cámara fotográfica, y retrata amaneceres y atardeceres de Piedra Parada y del Cañadón de la Buitrera, para ofrecerles a los turistas. Muchas veces son los propios viajeros quienes, además de comprar una fotografía, le dejan una propina que representa un ingreso esencial para sostener la economía familiar.

Todo parecía funcionar dentro de esa rutina hasta que, en septiembre, una decisión inesperada alteró la vida cotidiana de cientos de familias de la meseta. La eliminación del subsidio nacional al transporte dejó sin funcionamiento a numerosas líneas locales. Las empresas ya no podían afrontar el pago de los choferes y los servicios comenzaron a suspenderse. En las ciudades de los grandes centros urbanos un inconveniente de transporte suele significar un retraso. En la Patagonia profunda puede significar perder el trabajo o abandonar la escuela. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Lucas y Martín.

Sin colectivo, Lucas ya no tenía manera de llevar a su hijo hasta la escuela-internado. Y sin esa escuela, tampoco podía cumplir con su jornada laboral en la estancia. Tras dos días consecutivos de ausencia, Huenú decidió llamarlo por teléfono. Apenas conocía a Lucas por las historias que Martín contaba en clase y él solo sabía de ella por las palabras de su hijo. Nunca se habían visto personalmente. La propuesta fue tan sencilla como generosa.

Como cada mañana viajaba desde Piedra Parada hacia Gualjaina en su moto, se ofreció a pasar por la casa de Lucas y llevar a Martín hasta la escuela. El trayecto era corto y el niño permanecería allí durante varios meses, como ocurría habitualmente con muchos alumnos del internado. Solo necesitaba la autorización de su padre.

Aquella llamada resolvía mucho más que un problema de transporte. Le devolvía a Martín la posibilidad de seguir estudiando y a Lucas la tranquilidad de poder conservar su trabajo mientras esperaban que la situación se normalizara. Pocos días después se encontraron por primera vez. Lucas le agradeció emocionado aquel gesto que, para Huenú, había sido casi natural.

En un país de dimensiones inmensas, las distancias no afectan a todos por igual. Las dificultades que enfrentan quienes viven en los pueblos más alejados, rara vez se parecen a las de los grandes conurbanos. Sin embargo, en esta Argentina extensa, allí donde el Estado muchas veces demora en llegar, suele aparecer otra forma de sostener la vida cotidiana: la solidaridad silenciosa de quienes entienden que ayudar al otro no es un acto extraordinario, simplemente es una manera de vivir.

Semanas más tarde el servicio de transporte retomó su actividad y Martín pudo regresar a la rutina de siempre. Huenú dejó de pasar cada mañana por Gualjaina y Lucas continuó normalmente con su trabajo. La vida volvió lentamente a su curso habitual, como sucede con tantas historias que nunca llegan a ocupar un lugar en los diarios. Sin embargo, hubo algo que permaneció. Martín aprendió, quizá sin saberlo, que la escuela también puede enseñar fuera del aula. Que educar no siempre consiste en explicar una lección o corregir un cuaderno. A veces significa simplemente estar presente cuando alguien más lo necesita.

En los pueblos de la patagonia profunda, donde las distancias suelen convertir cualquier dificultad en un desafío, los gestos cotidianos adquieren una dimensión extraordinaria. Allí, una llamada telefónica, un viaje en moto o la decisión de tender una mano pueden sostener el futuro de una familia entera. Porque hay lugares donde la solidaridad y la empatía, no se anuncia ni busca reconocimiento. Simplemente ocurre. Y gracias a ella, la inmensidad de la Patagonia nunca termina siendo un lugar solitario.

Publicaciones Similares

  • Amanecer

    La playa amaneció cubierta por una luz pálida, como si el mar hubiera pasado la noche entera respirando bajo el frío de este invierno patagónico, que nos corta el aire y nos ha sorprendido demasiado temprano este año. El viento nos atraviesa el rostro con ese tibio silbido que parece venir de otro tiempo. A…

  • Búsqueda y libertad

    Gustavo Cerati-Pit Passarell ¿Qué argentino puede olvidarse qué sucedió un 11 de agosto de 1959? Probablemente ninguno. Ese día nacía en Buenos Aires Gustavo Adrián Cerati, uno de los artistas más importantes e influyentes de nuestro país. Cantante, guitarrista, compositor, productor. No solamente escribió canciones enormes. Construyó sonidos, los transformó. Fue, ante todo, un músico…

  • La geografía del alma

    Algunas de las imágenes de esta playa las tomé durante mis primeros años en Puerto Madryn, y desde hace un tiempo empecé a preguntarme qué hacer con ellas. En una de mis tantas caminatas matutinas por estas playas del centro, decidí detenerme. Simplemente me senté a valorar el contacto visual con la naturaleza que me…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *