pit-passarell-bitacora-de-letras

Búsqueda y libertad

Gustavo Cerati-Pit Passarell

¿Qué argentino puede olvidarse qué sucedió un 11 de agosto de 1959? Probablemente ninguno. Ese día nacía en Buenos Aires Gustavo Adrián Cerati, uno de los artistas más importantes e influyentes de nuestro país. Cantante, guitarrista, compositor, productor. No solamente escribió canciones enormes. Construyó sonidos, los transformó. Fue, ante todo, un músico extraordinario que nunca dejó de reinventarse.

Tanto junto a Soda Stéreo como en su etapa solista, su obra atravesó generaciones. Su música cambió la historia del rock en español. Era muy inquieto, nunca pareció sentirse demasiado cómodo en un solo lugar y siguió experimentando. Atravesó diversas etapas, incorporó nuevos sonidos, sumó la música electrónica, cambió texturas, y formas de componer, y se permitió abandonar ámbitos que le eran conocidos para aventurarse a otros más inciertos. Quizás por eso su música logró llegar a lugares donde el rock latinoamericano todavía no había llegado.

Cuando se apartaba de Soda Stéreo, Gustavo Cerati se daba el permiso de exponer aún más su extrema sensibilidad. Su horizonte se volvía más íntimo, y por momentos, difícil de descifrar. Había en sus letras imágenes, sensaciones, silencios, emociones y palabras capaces de dejar espacios abiertos para que quien escuchara pudiera construir su propio significado. Esa búsqueda puede recorrerse a través de algunos de sus discos: “Bocanada” es, tal vez, uno de los discos más profundos y sofisticados desde el punto de vista de la composición, en la que la canción deja de construirse únicamente a partir de melodías y palabras, porque los sonidos, la electrónica, los arreglos y hasta los silencios parecen formar parte de ese estilo compositivo. “Fuerza Natural”, fue más conceptual e introspectivo, más conectado con la idea de la transformación. En cambio “Amor amarillo”, permite ver un Cerati más íntimo y personal. Canciones como: “Puente”, “Cactus”, “Bocanada”, “Beautiful”, “Aquí y ahora”, “Paseo inmoral”, “Perdonar es divino”, nos permiten seguir las huellas de esa evolución. Se abría a nuevos modos de expresión, cambiaba los sonidos, las herramientas y las formas con esa extrema sensibilidad que conservaba intacta.

Probablemente una de sus mayores virtudes como compositor haya sido el haber comprendido que encontrar una identidad no era necesariamente quedar atrapado en ella. Reinventarse una y otra vez no era renunciar a lo que había sido, sino más bien ampliar y mostrar todas las posibilidades de lo que aún podía llegar a ser. Por eso, creo que resulta difícil referirse a Gustavo Cerati solo como un compositor de grandes canciones. Había en él una curiosidad constante que parecía entender que cada descubrimiento abría una posibilidad diferente y cada etapa podía conducirlo hacia una nueva dirección. Pero haber encontrado una identidad nunca fue razón suficiente para dejar de buscar.

Quizás sea precisamente en ese punto donde estos dos compositores sudamericanos, surgidos de distintos espacios musicales, comienzan a acercarse. Porque si en Cerati la búsqueda parecía ser una necesidad permanente, en Pit Passarell la idea de elegir su propio sendero atravesó toda su trayectoria como compositor.

Ante todo, Pit fue un músico que hacía de su libertad una bandera. Siempre se sintió capaz de elegir, cambiar, experimentar y renovar. Su enorme talento musical y su apertura mental le permitían acercarse a la música sin ningún tipo de prejuicios, mientras que su talento como compositor le daba las herramientas para reflejar esa independencia creativa en sus canciones. Esa característica puede reconocerse a lo largo de toda la historia de Viper.

Como compositor mayoritario de las canciones de la banda, Pit no se limitó únicamente a componer letras y melodías. Era musicalmente intuitivo, pensaba la canción en su totalidad, podía diseñarla en su cabeza, imaginar su estructura, participar de los arreglos y de su construcción creativa. Por eso, muchos de los cambios que atravesó al grupo a lo largo de los años, también permiten seguir las huellas de su propio crecimiento como autor. Viper fue una banda que recorrió varios géneros y sonidos. Hubo etapas de un rock más pesado, otras más melódicas y líricas; modificó su manera de componer y hasta el idioma para hacerlo. Lo hicieron en inglés y portugués, cambiaron estilos y momentos sin que Pit sintiera que cambiar el rumbo significara traicionar lo que habían construido en el inicio de su carrera. Esa manera de entender la música se hizo todavía más evidente en su propuesta solista. Habiéndose dedicado durante décadas a una de las bandas más emblemáticas del heavy metal brasileño, siendo uno de sus principales fundadores, podría haber permanecido en ese entorno que conocía a la perfección. Sin embargo, decidió indagar nuevos horizontes.

Con “Praticamente nada” se acercó al rock en portugués, dejando atrás, al menos para esa iniciativa, el heavy metal que había marcado toda su carrera hasta ese momento. Pero preservaba el derecho de decidir cuál sería su próximo paso. Y tal vez allí radicaba una de las maneras más genuinas de entender la música y no permitir que aquello que alguna vez lo había definido, terminara imponiéndole los límites de lo que todavía podía desarrollar. Su versatilidad le permitía apropiarse de nuevas expresiones musicales y reinventarlas desde su propia sensibilidad.

Pero la libertad de Pit parecía no tener límites. No definía únicamente su manera de crear sino también una forma de transitar su propia vida. Esa independencia que tenía para elegir mostrar su propia voz también atravesaba su creatividad: podía cambiar de registro, de sonido, de idioma o iniciar un nuevo proceso creativo sin sentir que debía responder a aquello que había sido antes.

Tras haber compuesto en inglés y portugués, años más tarde el español comenzó a ocupar un lugar diferente dentro de sus inquietudes compositivas. Con él apareció también un proyecto profundamente ligado a Argentina, un país con el que mantenía desde hacía muchos años un vínculo emocional fuerte y al que comenzó a mirar también como un escenario posible para una nueva etapa artística.

No se trataba simplemente de traducir una manera de escribir en uno u otro idioma. Darle forma a esas canciones suponía descubrir otra manera de mostrarse, otras formas de construir una frase, relacionar las palabras con la melodía y explorar una sensibilidad distinta. Para un compositor con décadas de experiencia como él, permitirse seguir aprendiendo y descubriendo implicaba un enorme desafío que no estaba dispuesto a dejar pasar.

Aquel proyecto argentino llegó a ocupar un lugar importante entre sus planes. Tenía una dirección, ideas que comenzaban a tomar forma y una inquietud que volvía a mostrar hasta qué punto era capaz de apartarse de los caminos previsibles cuando algo despertaba su curiosidad. Su historia completa pertenece a otro espacio; pero, a pesar de tener años de carrera, de una vida marcada por discos e innumerables escenarios recorridos en varias partes del mundo, aún conservaba esa capacidad y esa pasión por entusiasmarse frente a algo que hasta ese momento nunca había experimentado.

Quizás allí la libertad y la búsqueda dejaron de ser conceptos tan diferentes. Pit partía de ella para llegar a nuevos territorios; y Gustavo de una inquietud permanente por ir más allá de lo conocido. Desde lugares distintos, ambos terminaban respondiendo a una necesidad similar de descubrir qué más podían hacer sin dejar de ser quienes eran. Pero detrás de esa necesidad había también algo que parecía impulsarlos a mirar más allá de lo que ya conocían: la capacidad de imaginar lo que hasta entonces no existía y conservar intacto el deseo de seguir proyectando, creando y soñando.

En “Beautiful”, Cerati escribió una de esas frases que popularizó, y que fueron capaces de abandonar la canción a la que pertenecen para adquirir vida propia: “Mereces lo que sueñas”. Dentro de una canción profundamente introspectiva, esas pocas palabras parecen condensar el derecho a reconocer los propios deseos y permitirse imaginar que todavía existen otras posibilidades.

En el caso de Pit, quizás esa misma idea no necesite buscarse en una letra, sino en sus propias decisiones. Había en él una particular disposición a concederse el derecho de intentar aquello que deseaba, incluso cuando significara avanzar hacia algo completamente nuevo. Porque todo camino hacia lo que aún desconocemos supone atravesar alguna distancia. A veces es musical, otras es cultural, emocional o geográfica. Quizás por eso, “Puente”, otra de las canciones de “Bocanada”, uno de los discos clave de su carrera solista, adquiere un valor significativo al poner en diálogo las historias de estos dos grandes compositores.

En esencia, “Puente” habla de la necesidad de acercarse. Hay en la canción, una distancia que separa, pero al mismo tiempo, un deseo fuerte como para animarse a recorrerla. Cerati convierte esa distancia en dos puntos que parecen diversos y, sin embargo, encuentran una forma de conectarse. Tal vez por eso la imagen resulte tan apropiada para pensar en Pit. Su rumbo estuvo acompañado por esa disposición de acercarse a otras expresiones musicales y culturas. Para él, cada nuevo sendero parecía ampliar su mundo en lugar de reemplazarlo.

Y entre todos esos puentes hubo uno que adquirió un sentido especial. Nuestro país formaba parte de su historia desde antes, a partir de un vínculo afectivo y cultural que, con el paso de los años, comenzó a expresarse a través de la música. Brasil y Argentina dejaron entonces de ser solamente dos lugares dentro de su inmenso recorrido. Entre ambos países, comenzó a construir un espacio creativo propio, nuevas canciones y maneras de componer, con la intención de acercar universos que para él nunca parecieron incompatibles. No porque Cerati haya escrito la canción pensando en esta historia, sino porque su imagen permite observarla desde otro lugar. Pit parecía comprender de manera natural que acercarse a otra cultura no significaba alejarse de la propia, sino encontrar la manera de integrarlas. Y de alguna manera, Gustavo Cerati y Pit Passarell también pueden imaginarse en extremos diferentes de ese puente. Sin embargo, ambos encontraron en ese movimiento una manera de crecer como artistas.

Y entre esos puntos de encuentro estaba también la palabra. Para Cerati, el español había sido desde siempre materia de creación: podía moldearlo, sugerir más de lo que decía, construir imágenes, nuevos ritmos y dejar espacios abiertos a la interpretación. Para Pit acercarse a ese mismo idioma era descubrir otras armonías, diferentes modos de relacionar las palabras con la música y, quizás, también, otra forma de expresar lo que quería contar. Una vez más, no era la semejanza lo que los acercaba, sino esa disposición compartida para encontrar en las palabras otros modos de expresión.

Quizás por eso poner en diálogo a Gustavo Cerati y a Pit Passarell no signifique buscar semejanzas exactas entre sus obras ni intentar acercar dos historias que siguieron diferentes direcciones. Cerati hizo de la búsqueda una forma de avanzar; Pit encontró en la libertad la posibilidad de elegir siempre hacia dónde hacerlo. Y aunque partieran de impulsos distintos, los dos entendieron que una identidad artística podía crecer sin necesidad de permanecer inmóvil.

Tal vez allí vuelva a aparecer la imagen de “Puente”. No como una forma de borrar las distancias entre ellos, sino de hacerlas transitables. Porque algunas conexiones no nacen de aquello que se parece, sino de la posibilidad de descubrir un punto de encuentro entre las diferencias.

Nancy Viviana Silio

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *