Recuerdo
Es difícil hablar de una persona a quien no conocí personalmente en más de treinta años, pero a quien quise como si fuera de mi propia familia: Marcius Mass D’Almeida Ferreira.
Lo conocí por carta a inicios de la década del noventa. Fuimos amigos por correspondencia durante muchos años, las cartas demoraban mucho y nuestra emoción se medía en días de espera. Cuando estas empezaron a quedar atrás, fue él quien me buscó en las redes que fueron apareciendo en aquel momento para poder retomar nuestra amistad. Primero llegó Orkut; después fue Facebook. Aunque nos habíamos encariñado con la espera de las cartas, cambiaron las formas de comunicarnos, pero nuestro vínculo continuó. Siempre nos quedó el abrazo pendiente.

Nunca pude viajar a Manaus ni él a la Patagonia. En algún momento, incluso, surgió la idea de encontrarnos a mitad de camino, porque él y su esposa querían conocer San Martín de los Andes, pero finalmente la oportunidad no surgió. Los años siguieron pasando. Cuando Viper se presentó por segunda vez en Argentina, esta vez con André Matos, Marcius estaba seguro de que finalmente nos encontraríamos en Buenos Aires, y me escribió para confirmarlo, tendríamos esa oportunidad de vernos. Pero fue justamente en aquellos años cuando comenzaron los problemas físicos que me impidieron hacerlo. Una vez más, nuestro abrazo se postergó. Nunca perdíamos esa esperanza, no importaba dónde, pero no imaginamos que finalmente eso no sucedería. Tengo sus últimos audios, muy emotivos por cierto, hablándome sobre eso.
¡Extraño mucho a Marcius! Siempre había algo que me hiciera decir: “le voy a escribir a Marcius para preguntarle…”. Me cuesta mucho entender que ya no está para hablar con él. Era una persona increíblemente bondadosa, simpática y leal. Tenía una enorme capacidad para escuchar y, cuando no estaba de acuerdo con algo que pensabas, sabía decírtelo con mucho respeto para no herir ni dividir. Más de una vez sus observaciones me hicieron descubrir que estaba equivocada. Valoré muchísimo sus consejos, especialmente aquellos que llegaron en momentos personales en los que necesitaba otra mirada. Fue alguien a quien amé profundamente, a quien admiré y de quien aprendí mucho. Tenía la extraordinaria capacidad de darle valor a las cosas más simples de la vida. Creía en Dios, en la familia y en sus amigos. Siempre parecía tener una palabra a tiempo, un consejo cuando hacía falta o una risa para compartir.
Las comunicaciones virtuales nos permitieron hablarnos cada vez con mayor frecuencia y eso terminó acercándonos más. Había entre nosotros una enorme familiaridad. Nuestra amistad tuvo siempre una forma singular, quizás difícil de explicar para quienes necesitan de la presencia física para comprender la profundidad de un vínculo. Marcius fue para mí una presencia constante, un afecto genuino, muchos años de una amistad regada con complicidad. Pero el 24 de abril de 2026 su luz se apagó, y mi corazón se hizo añicos. Desde aquel día no había podido escribir sobre él porque tenía una roca en el pecho y hasta me sentía culpable por eso. Apenas algunas simples palabras en redes, nacidas de la noticia que nunca hubiera querido recibir.
Pero, Firmo, su gran amigo, me envió las fotografías que Marcius me había prometido para el libro que estoy escribiendo. Llegaron muchas. Las fui mirando una por una y me apareció una nostalgia que no puedo traducir en palabras. Me surgió esa necesidad imperiosa de escribir sobre él y recordarlo por todo lo que significó. Porque para contar quién fue Marcius en mi vida también tengo que volver al lugar donde comenzó nuestra historia: VIPER.

Marcius fue, probablemente, el mayor fan que tuvo la banda en el mundo. Pero mencionar la palabra fan sería contar solo una parte de la historia. Su amor por Viper terminó construyendo vínculos verdaderos. Pero nuestras vidas quedaron enlazadas alrededor de ellos. Por mi relación con la familia Passarell, el destino quiso que pudiera acercarlo a ellos y tuve la facilidad de proporcionarles un primer contacto. Y el siempre se sintió profundamente agradecido por eso. No había oportunidad que él no me agradeciera por aquella oportunidad. Fue un gesto sencillo hacia un amigo que amaba a Viper. Jamás hubiera podido imaginar lo que el tiempo haría unos años después. Porque en el año 2017, Marcius hizo exactamente lo mismo por mí, cuando Pierre estaba residiendo en Buenos Aires, y fue Marcius precisamente quien nos contactó.
Marcius y yo nunca pudimos compartir ni un café ni una cerveza, ni sentarnos frente a frente ni sacarnos esa foto que seguramente hoy estaría entre las más queridas. Nunca pude recibirlo en mi casa ni abrazarlo para agradecerle todos estos años de amistad verdadera.
Tal vez por eso resulta tan difícil explicar ciertos vínculos. Nos acostumbramos a medirlos por los lugares compartidos, los encuentros, las fotografías o videos que prueban que alguna vez estuvimos juntos. Él y yo no tenemos ninguna. Sin embargo, pocas son las personas, a las que nunca tuve físicamente a mi lado, y que dejaron una huella imborrable en mi vida. Y ahora estoy mirando sus fotos desde este lejano rincón al que tantas veces me hubiera gustado que llegara. Quizás recordarlo así, también sea una manera de acercarme un poco más a aquel encuentro que nos quedó pendiente. ¡Gracias, querido amigo!